viernes, 22 de junio de 2012

El encomio de la vida de un tejedor

Érase una vez un tejedor de ropa que conoció una mujer de la que dudaba si por ella sentía amor o simplemente afecto y apego humano que todos tenemos hacía todos.

Entonces decidió detener la relación y dedicarse a aügurarle el futuro sin que ella lo pidiera e imaginarle la vidad sin él, tratándo de no sentir amor sólo viéndola como una más de sus amigas.

El hombre dejó que la situación avanzará entre la bipolaridad que hay entre intentar agarrar el mundo como quien conduce un avión o dejarlo a la suerte como quién escoje un equipo de fútbol en el x-box para jugar sólo.

Entonces empezó a ver a la mencionada mujer y el encomio de su amor como una serpiente que allí vivía (donde la conocía) como alguién a quien siempre vería ahí, sólo entreteniéndose viéndo cómo ella se alimentaba de lo que siempre solía comer, llenaba su barriga satisfacía su vida y esperaba a quién se atreviera interactuar con ella sin aún saber a dónde más destinaría la vida que llebava sólo pensando positiva y eterna pero nunca mortalmente.

Así, el escritor creía estar bien como estaba e imaginó que moririan y pasarían al escalón que pasan todos los humanos en en el mundo después del deceso, al olvído y si acaso al recuerdo por parte de quienes en algún momento les conocieron o algo les oyeron.

No hay comentarios:

Publicar un comentario