Ella es una asesina en serie de hombres, lleva a sus espaldas dos homicidios a penas con 24 años de edad, si siente que la situación es peligrosa que está indefensa manipula la situación con su encanto porque es astuta, engañosa, deja que toda transcurra hasta que el agresor se confunda para sorprender con potencia y ejecutar al que la incomóda.
Él, es un tipo de unos 23 de edad, estudiante trabajador pero, monótono, repetitivo, aburridor y costumbrista.
En un momento el amor los juntó casi que de la misma manera como la grasa en una hendidura de ropa o entre los pliegues de las manos. juntos y muy juntos.
Se besaron se compalacieron y ella le advirtió: -si me fastidias o mejor, sino me complaces ¡te mato!-. Él a sabiendas siguió la relación.
Salieron durante tres semanas el gran defecto es que él, era un hombre costumbrista, repetitivo y poco visionista, él no llevaba la relación a otro nivel, siempre que se veía con ella la cogía de la misma manera, le decía lo mismo, hacían lo mismo y eso a ella la tenía sin sabor, sin sensación en su ser siempre ávido de experiencias e inquietud.
El tipo era un hombre de Campo con su piel árida, sombrero con hoyo encíma y ya casi deshojandose; sus manos morenas y también resecas lo hacian casi inapetecible para ser amado y codiciado, sin embargo, cuando ella lo conoció sabía que eso no era limitante en esa belleza ingenüa y natural que mantenía.
La mujer lo puso a prueba en un intento porque su placer se desmoronaba y el objetivo de ella (ser complacida) no daba sorpresa, le dijo: -bésame y házme sentir especial-, así fue, pero lüego el pensamiento de que todo siempre iba a ser igüal la llevó a esa decisión radical con la que solía actuar: con una navaja que escondía, mientras su cuerpo encima mantenía, desenfundó y de su sangre emanante del cüello se bañó para aquel amor repetitivo y seco clausurar con un placer más terrenal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario