Cuando me hablaron de esta mujer me la describieron: malgeniada, mandona, mala persona quien quizá durante algún tiempo lo fue, pero puede que hace mucho.
Ella tiene ochenta años de edad y si usted la vé a simple vista sólo percibe vejez, si la conoce, quizá perciba emoción, idoneidad, identidad, experiencia y rectitud.
Familiares cercanos ya contemplan que en adelante lo que le deparará es la recta final de sus aventuras, ella es conocida en Santander-Colombia en la vereda de Jarantibá a 20 Km por una vía rural de puente nacional.
Se la pasa en la increíble casa en donde todo absolutamente tooodo tiene el toque manual, ése toque estético del que aprende haciendo y exhibe su creación aunque no haya sido perfeccionada milimétricamente ni con cálculos; todo ha sido hecho y moldeado con las palmas de las manos y las fuerzas de los músculos de humanos muy animales, desde la base y sustento de la casa hasta los decorados internos de muebles, sala, comedor pasando por las cobijas los manteles y hasta los decorados para navidad llevan el colorido y folclor del campesino de pura sepa junto con el suntuoso valor y precio de haber sido elaborado a mano,(aunque no voy a trascender en filosofía de qué es ser un ser humano, diría que ella se volvió un animal, pues se codea la totalidad de su tiempo con reses, perros, gallinas, gatos, gansos, pollos, loros, pájaros y patos, les tiene nombres y les habla).
La más reciente mirada que esta mujer deja a todo aquel que la quiera conocer y al que ya la conoció es de orgullo, ella dice: -"Tomenmeme fotos con Sombrero y pinta que me vea campesina que a mi me gusta"- denota fuerza al hablar y socializar con todos, también tristeza porque el esposo se le murió y sólo la acompaña el espíritu de él en las noches "y en mi casa" (ella así lo cree y lo cuenta cuando se le pregunta ¿cómo ha estado?)
Ella suele pronunciar la letra -J- donde va la letra -F- en todas las palabras, si usted dice Farsante ella dice Jarsante, si usted dice: Flor, ella dice: Jlor... Y así.
Ella es una mujer locuaz y conversadora todo lo pregunta y de todos siempre cuenta algo además, tiene una tienda donde con muchas personas se trata, ríe, exclama, deja ver su desinterés incluso interés por algún tema, comparte sus cuitas y a quienes la visitan les insta a estar en actividad con su forma de interactuar siempre chispeante.
Si usted intenta imaginarla en el contexto en el que un hombre de ella alguna vez hace muchos años se enamoró, quizá se sorprenda porque fue el sitio aquel donde muchos matrimonios fracasaron: expendios de licor donde trabajadores y amantes del horario caluroso compran cerveza y se desparpajan para limpiar el espíritu, ahogar penas e intensificarlas u otras.
Cuando se le ve atendiendo su tienda, nada le importa más que sus clientes estando siempre ahí destapándoles una poker (la bebida que actualmente allí vende).
Esta señora que medio se conoce, es mi tía-abuela a quien muchos primos le decimos Tía Custodia y no es casi familiar mía porque me tocó la época en que nos encomendamos a la ciencia más que a la religión donde cual pendejo citadino me transporto por vías llanas y pavimentadas y no, por rutas agrestes destapadas e inclinadas que extrañamente no le han dejado un "derrier" despampanante llevando casi un siglo ejercitándose en esos terrenos.
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